sábado, 10 de febrero de 2018

TLC con China: Otro perro con otro collar


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La semana pasada visitó Uruguay el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, quien fue recibido por el presidente, Tabaré Vázquez, y por el canciller, Rodolfo Nin Novoa, para repasar la agenda, en el marco de los 30 años de establecimiento de relaciones bilaterales. 


 La visita se produjo luego de que ambos ministros coincidieran días antes en Santiago de Chile, durante el II Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En ambas ocasiones Uruguay se mostró como un entusiasta defensor de propuestas de liberalización comercial, a nivel regional en el foro y bilateralmente durante la visita de Yi, retomando la propuesta de un Tlc entre ambos países anunciada por el gobierno algún tiempo atrás.
Como sucede habitualmente frente a las propuestas de liberalización comercial, varios dirigentes del Frente Amplio (FA) expresaron inmediatamente su recelo ante un Tlc bilateral, destacándose las expresiones de Juan Castillo y José Mujica. Éste, justamente, matizó su acuerdo con intensificar el comercio con aquel país y evitó usar “la palabra Tlc” porque “da a lugar a cualquier cosa”. Si bien es posible que esta afirmación responda, en parte, a la buena prensa que tienen en una parte del partido de gobierno los cuestionamientos a la liberalización comercial, también debe ser considerada como una reflexión genuina sobre la inserción internacional del país y la definición del interés nacional.
Asumiendo la segunda opción, el cuestionamiento del ex presidente tal vez pueda considerarse sintomático de una visión extendida sobre el actual auge chino y sus consecuencias para el país y la región, en el contexto de la disputa con Estados Unidos por la hegemonía mundial: se trata del mismo perro con diferente collar. Ciertamente, la posición de Mujica, interesado en la intensificación del comercio pero desconfiado de la suscripción de un acuerdo bilateral, no es muy diferente de la que podría tener sobre las relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, se estima que tal generalización resulta errónea. Es necesario evaluar las diferencias entre las condiciones que ambas potencias proponen para el relacionamiento con sus socios.

LA PROPIEDAD INTELECTUAL. Desde que se propuso el Tlc con Estados Unidos, hace ya más de una década, hasta la reciente discusión del Tlc con Chile, este tipo de acuerdos son rechazados por la mayor parte del FA al entender que suponen una amenaza a la soberanía y el desarrollo nacionales. Dos de los argumentos más fuertes en tal sentido son las condiciones que imponen para los derechos de propiedad intelectual y para las compras gubernamentales. Es posible que a esto se estuviera refiriendo Mujica al afirmar que “se prestan para cualquier cosa”. No obstante, con relación a ambos temas la política china de negociación de Tlc es sustancialmente diferente a la de los países desarrollados.
En cuanto a la propiedad intelectual, estos países obligan a adoptar estándares de derechos de autor en los Tlc, que pueden afectar al sector productivo nacional. Esto es particularmente así para los Tlc “de última generación”, que incluyen el estándar Trip-plus (Trade-Related Aspects of Intellectual Property Rights), con normas aun más exigentes que las negociadas en la Ronda de Doha de la Omc. En el caso uruguayo, esto podría afectar especialmente a nuestra industria farmacéutica.
Sin embargo, China no sigue dichos estándares. De hecho, es uno de los principales impulsores de un modelo alternativo de derechos de propiedad intelectual, que no se basa en las patentes tradicionales sino en un tipo específico de modelo de utilidad (China Utility Model Patents), que tiene menos restricciones y una validez temporal menor. Se trata de una normativa que no es reconocida como régimen válido de propiedad intelectual en Estados Unidos ni Reino Unido, pero que es utilizada por otros países, como Rusia, Argentina y Brasil.
Asimismo, en las iniciativas regionales de liberalización comercial impulsadas por China, como el Regional Comprehensive Economic Partnership, el capítulo de propiedad intelectual asume un formato mucho más flexible que el que se proponía en los mega acuerdos comerciales promovidos por los Estados Unidos pre-Trump, como el Tratado Transpacífico o el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones con la Unión Europea. Esto en parte fue así debido a la presencia de India (uno de los grandes productores de medicamentos genéricos, junto con Brasil), que obligó a países como Japón y Corea del Sur a aceptar estándares más flexibles en este tema. De esta forma, es interesante percibir cómo, al negociar un acuerdo con otros criterios de propiedad intelectual, también se está contribuyendo a cambiar las reglas de juego del comercio mundial y, más ampliamente, del capitalismo.
COMPRAS GUBERNAMENTALES. Por otro lado, los Tlc negociados por los países desarrollados obligan a las partes a abrir las compras gubernamentales a empresas extranjeras. En el caso de China esto no es así. La potencia asiática no incorpora el tema de compras gubernamentales en los acuerdos de libre comercio que negocia (incluyendo los que ya ha suscrito con países latinoamericanos), justamente debido a que el gobierno de Xi Jinping no está dispuesto a conceder las mismas condiciones a las empresas extranjeras que a las chinas (mayoritariamente estatales) en el suministro de bienes y servicios al Estado chino. Esta cuestión además se extiende al comercio de servicios que pueden ser objeto de contratación pública. También en este caso, más allá del dato en sí sobre la posibilidad de excluir este tema del acuerdo, lo que resulta interesante es percibir cómo China está proponiendo nuevas reglas de juegos para la expansión capitalista, en este caso previendo salvaguardar espacios para la acción del Estado.
De esta forma, se estima que es importante enmarcar el vínculo con China en un contexto más amplio de disputa por la hegemonía mundial, esto es, en lo que refiere al tema aquí discutido, el establecimiento de nuevas reglas de juego para el capital. Desde una visión más general, esto puede considerarse extensivo a otros elementos, más allá de la negociación de un Tlc: desde el acceso a crédito no condicionado a la incorporación de recetas neoliberales sobre reformas y control del déficit (típicamente la práctica “loan for oil”, utilizada por Venezuela), hasta el respeto por la soberanía de las contrapartes en temas como el régimen de gobierno.
Por supuesto, esto no quita que pueda haber otros aspectos a analizar sobre el estrechamiento de las relaciones con China. Seguramente deban considerarse detalladamente temas ambientales y laborales, así como sus efectos en el proceso de reprimarización de nuestra economía. Sin embargo, lo que resulta claro es que no puede asumirse que todos los Tlc son iguales. En el contexto del auge chino tal vez sea necesario aprender nuevamente los caminos para la mejor defensa del interés nacional.
*    Profesor en el Programa de Estudios Internacionales, Facultad de Ciencias Sociales (Udelar).